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Futbolistas en el divan...

 

Diario el Clarín nos comparte una nota donde se evidencia el apoyo psicológico siempre que este profesional tenga los recursos y el conocimiento necesario.

 

Menseguez revela que estaba al tanto del apodo que le pusieron los compañeros por lesionarse tanto. Ahora, tras pasar por el psicólogo, es de los que más juegan. Nadie escuchó el trueno que lo precede, su luz no iluminaba ninguna lista. Ni la del técnico. Se lo dio por vendido. Incluso, el West Bromwich, club por el que había transitado cinco meses a préstamo, lo daba por comprado. Será por eso que sorprende encontrarlo como una de las piezas clave y más usadas de este San Lorenzo de Simeone que hace punta en el Apertura, y hoy entrará al Centenario, con Juan Carlos Menseguez como titular, para firmar un resultado que le reporte tranquilidad de cara a la revancha copera en casa ante River. "Yo siento que el primer día, cuando volví de Europa, quizá se dijeron muchas cosas. El mismo Simeone había dicho que no me iba a tener en cuenta, pero cuando hablé con él me demostró otra cosa", dice el delantero, preparando la descarga en Montevideo. "Yo hacía fuerza para quedarme porque sentía que no había tenido la chance de jugar mucho y podía dar más", explica. Y pudo.

 

-Y al fin te afianzaste.

 

-La verdad es que estoy con mucha confianza. Cuando volvimos de Colonia que me sentía bien porque pude hacer la pretemporada completa, y eso es fundamental. Encima, en lo futbolístico, por más que cambió el sistema, jugué en varios puestos.

 

-¿Y eso cómo te cae?

 

-Muy bien. El Cholo es un técnico muy ofensivo y usa jugadores por afuera, lo que a mí me da más oportunidades que con otro técnico que juegue con dos delanteros solamente.

 

-Como Russo y Ramón.

 

-Al principio con Ramón siempre sufría lesiones, no llegaba bien a los partidos. Al otro año jugué mucho más, tuve la posibilidad en el campeonato porque estaba la Copa y me sentí bien. Después, en el semestre de Russo no jugué como quería. No me dio ni un partido de titular.

 

-En alguna declaración tuya se te notó molesto con Russo, ¿puede ser?

 

-Me molestaron cosas de su trato, pero no tiene sentido recordarlas. Por eso tomé la decisión de irme a Inglaterra. Es un tema cerrado para mí. Allá aprendí un montón. Por ejemplo, a trabajar más en la recuperación de la pelota: antes por ahí volvía caminando, pero en Inglaterra eso te lo remarcaban. No lo hacía de malo, sino que no lo sentía. Hoy eso marca algo que es muy importante, además de la actitud de jugar cada pelota como la última.

 

-Para eso hay que estar muy bien en lo físico, ¿sabés que además de Rayo te dicen Papelito?

 

-Je je je. Sí, lo sé, pero no me molesta. Yo sé que estar bien físicamente es fundamental. Los que me empezaron a decir Papelito fueron los compañeros, en el vestuario, porque cuando llegué me lesionaba todas las semanas.

 

-¿Cómo cambiaste eso?

 

-Con un psicólogo, que me hizo dar cuenta de que era de la cabeza. En aquel semestre veía que era raro, algo que no entendía. Venía de hacer la pretemporada en Alemania, la primera semana había corrido lo más bien, no me sentía mal, pero llegaba el final de la semana y se me contracturaba una parte del cuerpo. Lo bueno es que uno se dé cuenta, porque hace bien.

 

-¿Seguís yendo?

 

-No, ya no, porque cerramos un círculo.

 

-San Lorenzo ahora no está para psicólogo...

 

-Je, la verdad que no. Los resultados se están dando y todos tenemos posibilidades de jugar. Ojalá lleguemos lejos.

 

-¿Cómo imaginás este cruce con River, un equipo súper ofensivo?

 

-Sabemos que es muy ofensivo por lo que vimos en la pretemporada. Sabemos que buscará hacer la diferencia en su cancha, y nosotros no vamos a esperarlo. Este San Lorenzo sale a ganar en cualquier cancha y no vamos a cambiar ahora. Y ojalá que sirva mi velocidad. En alguna van a quedar mano a mano y podemos aprovecharlo, como hasta ahora.

Pablo Cavallero, 20 de Octubre 2009, "Sabía lo de Papelito", Argentina,Disponible en http://www.ole.clarin.com

La presión de los padres hacia sus hijos en el deporte

 

 

Nadie enseña a ser padre. Eso está claro. Desgraciadamente (o por fortuna), no hay una escuela donde aprender el ABC para mantener todos los días de nuestra vida un trato ideal con nuestros chicos. Se hace lo que se puede, que a veces es mucho y otras poco.


El equilibrio en nuestra relación entre calidad y cantidad dará el resultado deseado. En eso del equilibrio andamos a los tumbos cuando nos enfrentamos a un hijo que practica algún deporte.


Tema de largas charlas y debates de sabios y novatos, ha sido la relación padre - hijo deportista. Y tenemos ejemplo de todas las clases y colores. Desde la esperanza sin fin de la salvación familiar frente a un incipiente talento futbolístico hasta la indiferencia total y plena de desmesura.


El discurso de los libros hace bien en referirse al deporte infantil como una etapa lúdica y formativa que debe ser acompañada por los padres y docentes. Debería ser el axioma de referencia, la verdad indiscutible.


Todo esto tiene tres etapas: primero es la de deseo. El deseo de los padres (especialmente del padre) de la corona de laureles en las sienes y los millones en la cuenta bancaria. En fin, el deseo del campeón, con el orgullo y la vida mejor que ello conlleva. La segunda etapa es la de descubrimiento. ¿Tiene talento?; ¿puede ser campeón?; también de las siguientes afirmaciones: "haceme caso a mí, yo de esto sé" (acordarse de que todos somos técnicos); "vamos, vamos...no te distraigas"; "hacé la gambeta como vos sabés"; "hoy ganás seguro".


Lo primero es SER, yo mismo, encontrar mi camino para poder HACER aquellas cosas que nos gustan. Como conclusión de ello vamos a poder TENER las cosas y el éxito que deseamos. Para llegar al éxito primero hay que ser, no hay otro camino.


Los niños y los jóvenes deben tener la libertad de encontrarse a sí mismos y los padres debemos ser los garantes y los guardianes de ese camino.


La tercera fase es la de decepción, salvo que salga un Maradona o un Messi. Una de las causas principales del abandono deportivo temprano es la presión que reciben los niños y jóvenes del entorno que los rodea.


El deporte es una actividad lúdica, libre, competitiva y voluntaria, donde se juega el deseo propio y no el deseo del otro. Muchas veces los chicos miran aterrados las caras de sus padres y entrenadores después de haber cometido un error de juego. Los niños descubren en el gesto de los mayores el error de ellos y eso los pone mal. No pueden equivocarse libremente y sin conflicto, como debería ser. El tamiz impiadoso de la mirada del adulto califica y sentencia. Como consecuencia, el pibe largó o no llegó a lo que nosotros queríamos.


Los niños y adolescente participan en el deporte por razones relacionadas con el desarrollo de la competencia, la afirmación de las amistades, la mejora de la forma física y la consecución de la diversión. Son los padres y sus "sustitutos", los entrenadores, los que pueden equivocar los objetivos. El problema de los niños somos los adultos. A ellos hay que sumar los organizadores de las competencias deportivas. Ellos son los agentes motivantes y de "socialización". Los que dictaminan el cuando, el cómo, el dónde, con quién, en qué circunstancias y con qué consecuencias empieza el niño o el joven a practicar deporte (J. Feliú).


El Barón de Coubertain ha subrayado que el deporte sería un entorno positivo que contribuirá a la educación social y moral de los jóvenes.


¿Qué puede decirse de la victoria? En deporte es común igualar la noción de éxito a la victoria. Sin embargo en una filosofía en dónde el ganar lo es todo, los deportistas más jóvenes pueden perder oportunidades de desarrollar sus destrezas, disfrutar con la participación y, sobre todo, formarse como personas (Smoll).


Cuando un padre pone a su hijo frente a un deporte a edad temprana, sólo él sabe qué es lo que quiere: a) fabricar un futuro campeón, induciéndolo desde pequeño, b) que se divierta y disfrute de los amigos, del aprendizaje de las reglas y del sol y el aire libre.


Si la opción es b), puede guiarlo sin saberlo todo, darle la linterna para que intente alumbrar solo, "acompañarlo" en su deseo, compartir y descubrir con él fomentando la calidad de vida y la actividad en común. Después, a su tiempo, el hijo/a decidirá si quiere practicar deporte o elegir la posibilidad de ser deportista.

 

 


Fuente: Mag. Marcelo Roffé, especialista en psicología del deporte, disponible en http://www.marceloroffe.com

Monday the 11th. Todo sobre futbol, ejercicios, psicología, tactica, tecnica..